martes, 9 de junio de 2015

66 mensajes de 3 conversaciones

Aquel paseo a la luz de la luna, los dos juntos, con su luz reflejando la exagerada blancura de mi piel  y el escaso sentimiento de mis ojos. Tu mirada, penetrante hacia mi corazón, desechada por mi silencio. Nuestros pasos, descoordinados, marcando el ritmo de alguna canción olvidada. Tu cálida mano agarrando mis helados dedos, casi inertes. "Qué frío hace", pensaba yo, mientras tu pelo ondeaba con el ligero viento que acompañaba a la oscuridad y una estúpida sonrisa inundaba tu cara mientras me observabas de reojo. El camino, cada vez más largo y aburrido, hacía latir tu corazón más rápidamente mientras el mío marcaba el compás de alguna sonata fúnebre que nadie había vuelto a tocar desde hacía mucho tiempo. Tus pupilas: dilatadas, mis párpados: pesados, y la noche, fría, oscura e impasible, mirándonos desde arriba con prepotencia.
Nunca me había sentido tan muerto, pero más muero ahora que no te tengo para matarme, más muero ahora que recuerdo aquel paseo y cada uno de sus segundos de agonía  y que me doy cuenta de que es solo eso, un recuerdo, y que ya no estás conmigo.

domingo, 6 de julio de 2014

LA CARRETERA

Miras a tu al rededor y te ves superado por todos y cada uno de los que te rodean. Todos han evolucionado, son diferentes a su manera y mientras tanto tú te mantienes oculto en el caparazón de tu mediocridad. Suspiras pero te falta el aire, observas pero no ves nada y, sin embargo, lloras. Eres incapaz de continuar y no lo suficientemente valiente como para huír como un cobarde. La impotencia se apodera de ti, arrogante, mirándote por encima del hombro y saboreando tu sufrimiento con extremo deleite mientras tú agachas la mirada y asientes resignado. "Un doble whopper con queso, por favor".

miércoles, 5 de diciembre de 2012

JE NE ME QUITTE PAS

La noche se cernía sobre mi mente y cada vez me pesaban más las ideas. Todo daba vueltas de forma uniforme, con una musicalidad sorprendente que ofuscó cualquier oportunidad de apreciar lo que realmente pasaba. Pequeños destellos de luz se abrían paso entre las sombras, acercándose cada vez más a mis pupilas y alumbrando los lúgubres pensamientos que rondaban la periferia de mi consciencia y que se apoderaban cada vez más del subconsciente, llegando a hacerme reflexionar sobre mi estado mental. 
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Una lluvia de color acabó por inundarme. Los colores danzaban agresivamente desafiándose entre ellos, pero lo hacían con un cariño inconfundible, creando una fusión harmoniosa que me llevó al éxtasis. Me gustaría haberme quedado allí, más no fue posible, la nada llegó para ocupar mi sitio.
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domingo, 22 de julio de 2012

EL CABALLO DE ESPADAS

Llovía, llovía mucho. Me acerqué a la máquina corriendo mientras me cubría la cabeza con un periódico que había cogido al salir. Allí estaba más o menos cubierto, no me mojaba. Saqué rápidamente las monedas de mi bolsillo y las introduje una a una en la ranura. "Inserte un número" salió escrito en la pantalla. Tecleé el 54. Miré hacia atrás mientras esperaba. Seguía lloviendo, con más fuerza aún si cabe. Me di cuenta de que no estaba sucediendo nada y giré la cabeza hacia la máquina de nuevo. Cogí las monedas, la máquina las había expulsado. Las metí de nuevo una a una por la misma ranura de antes y tecleé el 54 con más fuerza. Ahora miré atentamente a la máquina mientras esperaba. Nada. No caía nada. La máquina volvió a devolverme las monedas. Las cogí y miré a la pantalla. "Producto agotado". Maldita sea.